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Mexicano de 41 años de edad, que ha trabajado por crecer, ayudar y dejar este mundo un poco mejor de lo que lo ha encontrado, Carlos, como todos le dicen, nos narra su constante lucha por vivir y nos comparte la luz que encontró en su camino.

 

POR DANIELA CORTÉS Y ADRIÁN TORRES FOTOS GUILLERMO TREVIÑO

Balazos

 

“Llega un punto en el que te cansas y cuando te dicen que vas a morir, en cierto punto hubo una parte de mí que descansó quitándome un peso de encima y dejándome una tranquilidad interna”.

 

A los dos años de edad se le detectó fiebre reumática, pasó 20 años de su vida a base de antibióticos y penicilina, tuvo una niñez relativamente normal, aunque fue muy enfermizo. Al no encontrar una solución convincente a su problema de salud buscó opciones en Estados Unidos y Europa, ahí le diagnosticaron un daño difícilmente reversible a causa de su enfermedad y la agresividad de la medicina convencional, por ello inició un proceso experimental de depuración con un costo muy alto, aún así los médicos le daban una expectativa de vida de un año.

 

Ante esta situación decidió no preocupar a su familia y se mudó a Mérida, Yucatán, a vivir en un cuarto de azotea en una colonia muy humilde llamada Chuburna con limitaciones económicas, afectivas y de salud. Ahí encontró que el bienestar en la vida no dependía de las cosas que él pensaba, como la salud, afecto o dinero, lo que estaba viviendo, que era en teoría su último año, fue el tiempo más feliz que había tenido en sus 28 años, en el que se reconcilió con la posibilidad de morir, después de toda una vida con deseo, anhelo y esperanza de poder curarse.

Al verse con 28 años, de los cuales la mayor parte había sufrido: “Llega un punto en el que te cansas y cuando te dicen que vas a morir, en cierto punto hubo una parte de mí que descansó quitándome un peso de encima y dejándome una tranquilidad interna”.

 

En esa época, en la que pensaba que cualquier día podría ser el último, llego a sus oídos la noticia de un hospital en China que trabajaba regido por el  ZhiNeng Qigong, esta ciencia es avalada por el gobierno chino, el Ministerio de Salud Pública de China, el Buró Nacional de Ciencias y muchas otras instituciones más, se logra por práctica y está dirigida al ser humano que no tiene orientación a la generación de tecnología de productos que se puedan distribuir masivamente, como en el caso de los medicamentos.

Es una ciencia a través de la cual uno se convierte en el experimentador y en el experimento a través de su proceso de vida.

Está basada en estudios con experimentación que ya fueron avalados, tiene una base teórica muy contundente que no se basa en religión o filosofía, sino en cuestiones meramente físicas, puede ser aprendido por cualquier persona sin importar su nivel académico y ponerlo en práctica sobre sí mismo, siempre y cuando tenga control de su mente.

 “El hecho de que el ser humano tiene la capacidad de curarse de sus enfermedades a través de un buen uso de su mente y su cuerpo sonaba descabellado, pero me llamó la atención”, comenta. Por ello, García optó por irse al entrenamiento el cual sería al pie de una de las montañas sagradas en China, un sitio humilde, “Llegué en circunstancias muy precarias, viví como chino y no como turista, era un lugar muy frío al que le pusieron calefacción al morir tres personas por hipotermia y en el que parecía que no me enseñaban nada, sólo me corregían cosas mal aprendidas por aquel videocassette que me habían obsequiado”.

 

Al vivir de forma muy limitada hacían que Carlos no notara ningún cambio mientras que los maestros que lo instruian le decían todo lo contrario, al grado que lo educaron para ser instructor sin siquiera preguntárselo, lo cual era un honor para García, pero al mismo tiempo un peso por la gran responsabilidad que ésta conllevaba y más al ser la única persona no china en lograr esta meta.

Al terminar su curso, Carlos regresó a Estados Unidos y comenzó a percatarse de que sí estaba teniendo cambios en su cuerpo, que era más resistente al frío, que la apariencia de su piel y calidad de vida en general estaba cambiando de forma impactante. Empezaron a llegarle ofertas para transmitir el conocimiento adquirido, pero todas ellas con fines lucrativos como libros, audios, videos, pero Carlos nunca estuvo de acuerdo en hacerlo ya que ésta era una ciencia que se tenía que aprender de persona a persona no por un medio intermediario.

 

Así que decidió regresar a México y comenzar su proyecto Fuerza Integral, en el cual imparte cursos para adquirir el conocimiento ZhiNengQigong. De esta forma ha sumado grandes éxitos y logrado resultados impresionantes en la gente, al grado que hoy en día se está haciendo una investigación en el Hospital de Cancerología en la Ciudad de México con ZhiNengQigong, de los cuales se realizan estudios y se abren expedientes a todos aquellos pacientes de bajos recursos quienes luego de haber adquirido el conocimiento en el ZhiNengQigong, han percibido cambios o mejorías ante su enfermedad.

 

No cabe duda que personas como Carlos García son dignos ejemplos de ciudadanos comprometidos, no sólo con su comunidad sino por hacer el bien a la gente que lo rodea, y de esta forma mejorar la calidad de vida. Creemos que su proyecto es digno de destacarse al ser un método poco invasivo y al alcance de la mayoría.

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