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| ““No soy de los que esperan que la suerte les toque la puerta”. |
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Hoy recuerda su historia y continúa luchando por un futuro que ya se ve a la vuelta de la esquina. Una hermosa casa de descanso construida sobre una antigua huerta en Malinalco, Estado de México, fue el sitio ideal para reunirnos con William Levy.
Tanto el staff de SO!, como el mismo William, pudimos disfrutar de los bellísimos paisajes con que cuenta el lugar. Malinalco es un sitio perfecto para descansar y gozar de la buena gastronomía, la arquitectura, el golf y su acervo cultural.
Con William Levy viajamos, conversamos y descubrimos el interior de uno de los actores latinos más prometedores.
Aunque puede ser físicamente perfecto para un desnudo, el cubano es más bien capaz de mostrar su interior y contarnos quién es, hacia dónde va y su espíritu de sobreviviente, y nos habla con la misma sinceridad con la que hablaría un niño.
¿Cómo saliste de Cuba para llegar a Estados Unidos?
Mi padrastro era preso político y Estados Unidos le dio asilo. Tenía derecho a sacar a su familia, a su esposa, a los hijos de su esposa y a sus hijos. Gracias a la vida, mi mamá estaba casada con él y nos tocó la suerte de salir en avión ya con todos los papeles y sin tener que montarnos en una balsa, como mucha gente lo ha hecho.
¿Qué edad tenías?
Catorce años. Dos meses después cumplí 15.
¿Qué fue lo que más te sorprendió al llegar a Estados Unidos?
Para empezar, lo primero que vi desde el avión fue una carretera llena de carros. Yo nunca había visto tantos carros unidos así en mi vida, pensé que era un tren y decía: “¡No jodas!, ¡qué tren tan largo!”.
Pero lo que más me sorprendió fue lo enorme que era. Fui al mercado y yo agarraba una sola cosa de cada mercancía, una nada más. Entonces mi tío me dijo: “Oye, puedes agarrar lo que tú quieras, ¿sabes?”. Es que en Cuba todo te dan en cierta cantidad por persona y no puedes agarrar más. ¡Estaba perdidísimo!
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““Cuba me ayudó a luchar por lo que quiero y no dejar que nada me venza”.”. |
¿Te consideras un hombre con suerte?
Yo creo que la suerte le toca al que la busca. Creo que la suerte le toca a alguien cuando se la merece o cuando ha luchado por eso. Pero sí me creo un hombre con mucha suerte por la familia que tuve cuando era chiquito y porque tengo un hijo hermosísimo, o sea, por todo lo que la vida me ha dado. Pero también me considero muy luchador, no soy de los que esperan que la suerte les toque la puerta de la casa y me dé lo que necesito. Yo no pienso así.
¿Qué es lo mejor que te dejó Cuba?
En Cuba viví 15 años y desde los 12 ya buscaba la manera de resolver las cosas. La necesidad en la que creces, el ambiente en el que te crías y todo lo que te rodea determina cómo piensas en el futuro. Cuba a mí me ayudó muchísimo a pensar de esa forma, a luchar por lo que quiero y no dejar que nada me venza. En Cuba, si quieres alcanzar algo, por más que luches no lo vas a lograr, así que cuando llegas a un país en donde sabes que puedes luchar y lograrlo, obviamente piensas: “Aquí sí lo voy a hacer”.
Si no hubieras salido de Cuba de la forma en que sucedió, ¿habrías intentado irte de otra manera?
Sí. Incluso estábamos pensando en irnos en un bote, mi mamá, mi hermanita y yo. Mi mamá estaba embarazada y estábamos a punto de hacerlo porque es tanta la necesidad de hacer algo por ayudar. Cuando tu familia no tiene nada y todos los días es lo mismo sin poder prosperar, en cierta forma te sientes acorralado, como un pájaro encerrado en una jaula y que quiere ser libre. Son tantas las ganas que tienes de irte que no ves ni el peligro, piensas que cruzando el mar hay una vida por delante.
¿Ahora qué piensas respecto a esa idea de escapar en un bote?
Pienso que estaba loco. Porque sí es un peligro hacer eso con 14 años de edad, pero en ese momento no piensas en el riesgo, sino en el resultado que podrías tener.
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| ““Que me digan ‘¡qué lindo!’ no me llena para nada”.”. |
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¿Cuándo empezaste a jugar beisbol?
En la high school. También empecé a aprender inglés y durante los estudios jugaba beisbol. Estudiaba en la mañana, hasta las dos y media de la tarde, y después jugaba beisbol hasta las siete; luego iba al gimnasio y al final a mi casa. Así eran todos mis días.
¿Seguiste estudiando?
Al terminar la high school me gané una beca por el beisbol y estudié dos años Administración de Negocios, pero en el segundo año no tuve buenas notas en el inglés. Era súper difícil en la universidad, sabía inglés pero no era tan perfecto. Ahí fue cuando empecé a modelar. Estaba trabajando en la construcción y me busqué la manera de entrar a una agencia de modelaje.
¿Cuándo empezaste a actuar?
Como un año después entré a un reality show que se llamaba Protagonistas de telenovela. Después me fui a Los Ángeles a prepararme un año y medio, estudié actuación e inglés, y volví a Miami. Hice mi primera novela con Univisión, luego hice la segunda, la tercera y después vine a México para hacer Pasión.
¿Cómo llegaste a la televisión mexicana?
Yo estaba haciendo una novela en Miami que se llamaba Acorralada, pero quería trabajar en México porque Televisa es lo más grande que hay. Uno siempre tiene que tirar a lo más alto… “Tírale a la luna porque, aunque falles, quedarás cerca de las estrellas”.
Me enteré de que Carla Estrada estaba haciendo una novela y ya me sentía preparado, entonces mandé una foto y poco a poco se dio la oportunidad de conocernos. Durante la grabación que yo estaba haciendo, saqué un sábado para ir a México y hacer un casting, y ahí se decidió que me querían para la novela.
¿Qué lugar ocupa el modelaje ahora en tu carrera?
El modelaje lo hice antes de actuar. Yo estaba modelando porque lo veía como una puerta para entrar en la actuación, pero no es lo que me gusta. Nunca me ha gustado el modelaje.
Si una marca me quiere como su imagen ya no lo veo como modelaje. Para mí el modelaje no existe. Ya lo dejé.....
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