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“Otras más tontas y que les salía el cobre, no alcanzaban a distinguir cuáles eran las buenas, las no tan buenas y las fake…”
POR ZOILA SECA DE LA GÁNDARA Como en toda familia había vacas gordas y flacas y en ocasiones no alcanzaba para el gasto. Obviamente nadie se atrevía a comentarlo, por lo que había dos cuestiones, sacar “las joyas de la corona”, aquellas que por muchos años se heredaron de generación en generación y bajo caja fuerte. Pero cuando el hambre apretaba ni hablar. Normalmente se organizaban ventas entre las conocidas, aunque todos sospecharan que cuando sucedían estas reuniones era que las familias no estaban del todo bien. Nunca se perdía el estilo, y aunque no se cobraba por esas reuniones secretas era importante primero que nada vender la idea, pero sobre todo acabar con la mercancía, que evidentemente dejaba mucho más que empeñarlas en cualquier casa pignoraticia. Para todos, el valor sentimental era lo de menos. Lo importante era completar ya sea para terminar de pagar la hipoteca, las colegiaturas, pues recordemos que si las familias no estaban al corriente en los pagos los hijos eran quienes tenían que pagar… pero las consecuencias. Recordemos que los exhibían y entre murmureos se escuchaban los “no la dejan presentar porque sus padres no han pagado la colegiatura”. Volviendo al estilo no perdido, y como por ningún motivo los asistentes a las reuniones privadas debían sospechar que no había ni para pagar la merienda, aunque se escuche irónico “tiraban la casa por la ventana”. El ‘oso’ no olvidado es que en esa demostración para señoras nices, la anfitriona no solamente ponía a la venta joyas preciosas que fue adquiriendo como herencia, regalos de marido o hijos. Sino que también hacían una mezcolanza de joyas de fantasía, al fin y al cabo nadie sospecharía de la amiga de todos, la señora de buenas familias, la ‘copetona’ y el ejemplo a seguir en moda. Las amigas comprábamos baratijas, más bien nos las ensartaba, y una que se conmueve con las causas divinas nunca puede dejar de ayudar. Frente a mí no me puedo quejar, pasaban joyas de antaño que sería una tonta dejar de comprarlas, si bien los precios no eran tan accesibles, confieso que negarse a realizar la compra sería una gran tontería, se alcanzaba a apreciar el abolengo hasta en las piedras. Otras más tontas y que les salía el cobre, no alcanzaban a distinguir cuáles eran las buenas, las no tan buenas y las fake… De hecho, como las imitación estaban tan bien hechas no cualquiera lo notaria. Pero una que sabe y ha comprado en los mejores lugares bien distingue lo bueno de lo malo. Una como siempre calladita, para qué estropear las ventas de la comadre si estaba tan necesitada. El canapé y la merienda salía de las ventas recaudadas, y eso que no eran para una causa benéfica, más bien los beneficiados eran los organizadores. Lo que siempre me pregunto y expongo, ¿por qué la gente “bien” siempre vive al extremo? No es mejor bajarse un poco de la nube… Por cierto, viajera, y tratar de aparentar algo a lo que en algún momento perteneció pero ya no más. Por qué aferrarse a situaciones donde solamente se exponen en lugar de quedar bien. ¿Es lo que la sociedad dicta? En qué momento, y en base a qué argumento. Creo que si aceptáramos nuestra situación en el lugar correcto otro gallo nos cantara. Hay quienes ya fueron, sin embargo, no se perdonan que quizá una mala administración los orilló a vivir una realidad imperdonable e inaceptable para ellos. Aquí no hay fijones, yo por eso siempre estuve acostumbrada a vivir una realidad aterrizada, y eso sí, nunca excluí, siempre seguí los principios de la iglesia y de la buena educación. Zoilaesplendorosa Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla |