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Como estar en otro planeta
Antes de aterrizar en la tierra de la nieve y el fuego, difícilmente podía señalar acertadamente en el mapa la localización de este país. Había escuchado hablar muchas veces de las maravillas naturales de Islandia, pero al sonar tan distante es como que el cerebro automáticamente lo descarta por considerar remota la posibilidad de visitarlo.
Aterricé en Reikiavik, la capital. Una ciudad con mucha personalidad y base para la gran mayoría de los viajeros. Los islandeses son gente amable que utiliza la tarjeta hasta para comprar unos chicles, y la fiesta de Reikiavik es mundialmente conocida por su intensidad y duración, especialmente durante el verano, cuando el sol nunca se oculta.
Pero el verdadero atractivo de Islandia está fuera de sus pequeñas ciudades. Al ser un país volcánico, la lava forma parte del retrato que se asoma por la ventana del vehículo. Debe ser lo más parecido a llegar a otro planeta. El país cuenta con famosas y espectaculares cascadas como “Gulfoss”, que significa cascada dorada. Esta espectacular caída de agua se encuentra dentro del circuito llamado “el círculo dorado” el más popular de la nación y que además figura en el libro “1000 sitios que ver antes de morir”. El circuito incluye el original geiser, el cual le da el nombre a todos los demás del planeta. Y una visita a Pngvellir, parque nacional, donde se encuentra el lugar en el que se fundó el primer Parlamento del mundo.
Islandia es un país para explorar, hacer caminatas por los glaciares y aprender sobre sus volcanes. Tomar un barco en busca de ballenas o si el turista lo prefiere, degustar su carne. Tomar un relajante baño en las aguas termales de “Blue Lagoon”, el spa más famoso del país, o asistir a un concierto de Björk, la cantante internacional más famosa de

Islandia, en la recién inaugurada sala de conciertos “Harpa”.
Islandia no es un país barato, pero la crisis económica que lo azotó hace un par de años lo ha hecho más accesible a los turistas. Vale la pena darse una vuelta por las muchas tiendas de diseñadores locales que ofrecen prendas muy originales y con materiales tan exóticos como la piel de pescado.
Se dice que los islandeses creen en las hadas, los trolls y los duendes, aunque les cuesta trabajo admitirlo. A algunos entes les llaman “la gente escondida” y muchos se toman muy en serio su presencia. Lo cierto es que esta tierra se encuentra llena de fantasía. Creas en lo que creas su belleza es innegable, y aunque hay que recorrer una distancia enorme para llegar, Islandia se quedará muy, pero muy cerca del viajero.
Dormir.- El hotel Hilton es una de las opciones de lujo más fiables. Tiene un excelente restaurante aunque no se ubica en el centro de la ciudad.
Comer.- La comida local puede llegar a asustar a algunos, sobre todo con la controversial carne de ballena. El restaurante Laekjarbrekka es uno de los más finos de la ciudad y ofrece los mejores platillos locales.
Tours.- La escasez de transporte público hace que el viajero independiente tenga que planear en extremo. Yo recomiendo ponerse en manos de expertos como Artic Adventures, que ofrecen los mejores tours de Islandia. Caminata en el glaciar, snorkel en aguas gélidas, el círculo dorado y los mejores paisajes del país.
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